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Para muchos empiezan las vacaciones de verano. Como el 1 de enero o ‘el lunes que viene’, es una época muy propicia para fijarse nuevos objetivos. Disponemos de varias semanas libres con muchas horas por delante (168 horas por semana) para afrontar actividades que, durante el año, nunca encontramos el momento idóneo para emprenderlas. Es común apuntarse a la academia de idiomas, ir al gimnasio, etc. Se empieza con muchas ganas, pero la clave para alcanzar el objetivo marcado está en ser perseverante y mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo.

En cualquier caso, el objetivo debe estar presente pero no debe cegarnos en el día a día. El título de inglés, quitarte esos kilos, nada llega de forma inmediata. La mejora es un proceso diario, una pequeña pero constante evolución que con el tiempo termina siendo una gran evolución. Así que lo importante es el camino. Centrarte en el siguiente paso es la forma de no desviarte y llegar a tu objetivo.

Cuentan que un chico se fue de casa para estudiar con un sabio maestro. Cuando conoció al viejo sabio, le preguntó:

– “¿Cuánto tardaré en ser tan sabio como tú?”
– “5 años”

El muchacho replicó:
– “Eso es mucho tiempo, ¿y si trabajo el doble?”
– “Entonces tardarás 10”

Ante esta respuesta el muchacho protestó:
– “Eso es demasiado tiempo, ¿y si estudio también por las noches?”
– “15 años”

El chico no entendía nada:
– “Cada vez que prometo dedicar más energías, tú me dices que tardaré más en lograr mi objetivo. ¿Por qué?”

El viejo maestro fue contundente:
-“La respuesta es bien sencilla. Si tienes un ojo puesto en el destino que esperas alcanzar, sólo te queda otro ojo para que te guíe en el viaje.”

Necesitas los dos ojos para que te guíen en el camino

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