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El Monje que vendió su Ferrari es uno de mis libros favoritos y, sin duda, el que más veces he regalado. De hecho, no me extrañaría nada que a alguien se lo hubiese regalado más de una vez, jeje. Es más, presté el mío y no sé en manos de quién está, aprovecho desde aquí para pedir su vuelta a casa 😉

Seis semanas de movimiento

Araiz y yo celebramos nuestra boda a mediados de julio, a los días salimos rumbo a Riviera Maya para disfrutar de la luna de miel. Una vez de vuelta en casa, pasamos la Semana Grande de San Sebastián con los amigos y decidimos invertir la última semana en hacer una visita a su abuela que vive en un pequeño pueblito de Badajoz llamado Cordobilla de Lácara.

En el pueblo las cosas van a otro ritmo. Pero cuando digo otro ritmo, es que por más que mi trabajo me lleve de América a Asia pasando por Europa, siempre digo que mayor jet lag lo siento al venir al pueblo. Y con muchísima diferencia. No hay cambio horario en el reloj, pero la vida activa en lugar de empezar a las 7AM, empieza a las 7PM, cuando el termómetro empieza a pensarse aquello de bajar de los 40º.

Sin embargo, esto tiene su lado bueno, y es que me permite parar a leer un buen libro con más calma de lo que puedo hacerlo en mi día a día. Mis obligaciones en el pueblo no van más allá de quedar con unos y con otros para charlar, jugar unas cartas, enseñar fotos de la boda y visitar familiares. Bueno, suena cómodo, pero lo cierto es que quita muchísimo tiempo y llega a ser duro, al menos para los que disfrutamos trabajando y no sabemos parar quietos ni dormidos (esto es literal, que le pregunten a Araiz).

Las cartas secretas del Monje

Tengo más de media docena de libros esperando a pasar por mis manos a los que les tengo muchas ganas de hincar los ojos. Pero mi mujer (ale, escrito aún suena más fuerte, jejeje) me regaló justo antes de venir al pueblo este libro y no pude evitar meterlo en la maleta junto con otro que estaba leyendo “Conversations with God”, que me lo ha dejado mi gran amiga Ainhoa y “La enzima prodigiosa” que lo está leyendo Araiz.

Un par de horas el primer día y ya no había quien me sacase del libro. Lo he ido dosificando hasta el último día (¿tú también eres de los que te los dosificas, o de los que los devoras lo antes posible? te espero en los comentarios) y según lo iba terminando pensé que sería buena idea dejaros aquí las principales reflexiones que quiere transmitirnos Robin Sharma con este libro, al igual que ya hice con El Monje que vendió su Ferrari.

Las cartas secretas

1- El poder de la autenticidad

El regalo más importante que podemos hacernos nosotros mismos es el compromiso de vivir nuestra auténtica vida. Ser sinceros con nosotros mismos. Romper con lo que la sociedad intenta seducirnos y vivir la vida según nuestros propios valores y en sintonía con nuestros sueños más profundos.

Debemos despertar a ese yo oculto, explorar las habilidades y debilidades que nos hacen ser quienes somos. Cada decisión que tomes debe estar basado en ese compromiso de vivir la vida siendo sinceros y coherentes con nuestro yo auténtico y sólo con ese yo. No es tarea fácil.

2- Acoge tus miedos

El miedo nos retiene, nos hace permanecer en nuestra zona de confort, que es la zona menos segura donde vivir. El mayor riesgo en la vida es el de no correr riesgos.

Cada vez que hacemos algo que tememos, ganamos la fuerza que nos estaba robando el miedo. Cada vez que asumas la incomodidad que genera tu crecimiento, te vuelves más libre. Así, no sólo te vuelves más valiente, sino poderoso y lograrás vivir la vida de tus sueños.

3- Vive con amabilidad

Nuestras acciones son la forma de manifestar nuestras creencias. Ninguna acción, por pequeña que sea, es insignificante. La forma en que tratas a tu prójimo refleja cómo tratas a todo el mundo, incluido a nosotros mismos: si eres desconfiado con los demás, lo eres contigo mismo; si no sabes apreciar a los demás, no te apreciarás a ti mismo.

Y aquí viene lo que para mí es una declaración de estilo de vida en toda regla: “Con cada una de las personas que nos relacionamos, con todo lo que hacemos, debemos ser más amables de lo que se espera que seamos, más generosos de lo que se prevé, más positivos de lo que nosotros mismos creemos posible. Cada instante experimentado frente a otro ser humano es una oportunidad de expresar nuestros más elevados valores y de influir en alguien con nuestra humanidad. Podemos lograr que el mundo sea mejor, persona a persona.”

 4- Realiza pequeños progresos diarios 

La manera en que hacemos las pequeñas cosas determina la manera en que hacemos todo. Si realizas las tareas menores de modo correcto, también tendrás éxito en los esfuerzos más importantes.

Los pequeños progresos diarios siempre derivan en resultados excepcionales a largo plazo.

5- Vive lo mejor que puedas y trabaja de igual forma 

Seguro que conoces la famosa frase de Picasso: “Cuando llegue la inspiración que me pille trabajando”. Él trabajaba con devoción, pasión, energía y excelencia.

Sea cual sea tu ocupación, debes saber que toda tarea es una oportunidad para expresar el talento personal, para crear una obra de arte y ser consciente del genio que puedes llegar a ser; independientemente de a qué te dediques. Tu trabajo debe servir como inspiración a los demás y así influirás positivamente en la vida de los que te rodean.

6- Escoge bien tus influencias 

Decía mi abuelo (supongo que como todos los abuelos) que eres tan listo o tan tonto como quienes te rodean. Igual es un poco demasiado gráfico, pero es evidente que no vivimos al margen del mundo que nos rodea. Lo bueno es que en gran medida podemos elegir de quién nos rodeamos.

Apártate de los cenizos, pesimistas, derrotistas y demás asociaciones de perdedores que sólo te vacían tu depósito de energía. Elige pasar tiempo con gente que te inspira, que te motiva, que te llena. No eliges tu familia, sí eliges tu entorno social. Tanto en tu trabajo como en tu vida personal, esos amigos y compañeros más positivos nos ayudarán a ser la mejor versión de nosotros mismos y a llevar una vida más trascendental.

7- Los placeres más simples de nuestra vida son nuestras mayores alegrías

Sé que con 31 años es pronto para decirlo, pero como todo el mundo lo dice de muy mayor, pues me la juego: has pasado o vas a pasar un gran tiempo de tu vida persiguiendo objetivos que al final te importarán poco. La sociedad nos lleva a llenarnos de cosas materiales, cuando si nos paramos a pensar, todos sabemos que los placeres más simples son aquellos que más nos llenan: un paseo con tus hijos por el parque, una cena con los amigos, un beso de buenos días.

No importa si tu situación es apurada o muy cómoda, todos tenemos diariamente una serie de pequeñas bendiciones esperando a que las agradezcamos y las reconozcamos. Cuando te haces consciente de ellas, tu felicidad aumenta, tu gratitud se propaga y cada día lo verás como un asombroso regalo. ¿Suena cursi? No hay nada como ser agradecido con todo para ver cómo cambia tu vida, palabra.

8- El propósito de la vida es amar

Lo bien que vivas depende de cómo ames. El corazón es más sabio que la razón. Aunqeu seas más bien de ciencias, encontrarás pruebas de que el instinto (el corazón) es más rápido y eficiente que la razón en la toma de decisiones.

Sigue a tu corazón.

9- Lucha por algo superior a ti mismo

Tú, yo, cada uno de nosotros estamos en este mundo por un motivo, para cumplir una misión. Esfuérzate en conseguir una vida preciosa para ti y para quien amas. Sé feliz y pásalo bien. Ten éxito.

Pero sobre todo, sé importante, haz que tu vida trascienda, sé útil para el máximo número de personas. Y esto no significa inventar la rueda, sino influir positivamente en el máximo número de personas posible.

 

Reflexiones sacadas del libro

Cambio:

“No pienso vivir el mismo día una y otra vez y creer que eso es vida.”

 Puedes empezar por pequeños pasos para sentir el cambio.

Felicidad y realización:

“La felicidad duradera nos la proporcionan las consecuencias de nuestros actos, no la cantidad de nuestros ingresos. La verdadera realización es un producto del valor que generamos y de nuestra contribución a mejorar el mundo, no del coche que conducimos ni de la casa que compramos. La valía personal es más importante que el patrimonio personal. Pero creo que eso ya lo sabes.”

 

Esta entrada se publica primero en http://www.alvarocampuzano.com por Álvaro Campuzano (@alvaro_campu)

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