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El último libro que he leído es “Del ataúd a la cometa” de Carlos Andreu y me gustaría compartir una de las primeras reflexiones que presenta. La idea es que, aunque pueda parecer que todas las personas somos clones porque pasamos por las mismas etapas a lo largo de la vida, hay un pequeño porcentaje que nos diferencia. Esa pequeña diferencia está en el cómo las pasemos.

Para explicar que somos casi iguales, piensa que nuestra vida es como un reloj. Las horas son las mismas para todos los relojes. Todos empezamos marcando las 0 horas, nacemos y nos preocupa esencialmente comer y dormir. En las primeras horas del reloj te centras en jugar, tener muchos amigos y no hacerte pis encima. Las 3, 4 y 5 pasan mientras sacas adelante unos estudios, trabajas con una energía bestial y piensas en tu evolución profesional. Dan las 6 y tu preocupación se centra en montar una familia. Suele ser momento de echar la vista atrás y preguntarse “¿he aprovechado mi vida?”. Tu reloj marca las 7 y sigues preocupado en ascender en tu trabajo, pero, sobre todo, priorizas la educación de tus hijos. Pasan las 8 y ya relativizas tu carrera profesional, te preocupa más asegurarte una buena jubilación y el desarrollo de tus hijos. Las 9, estás jubilado y crees que tienes más tiempo que nunca para hacer cosas. Cuidado porque el reloj no miente y ya te quedan pocas horas por marcar. Por eso es importante disfrutar a diario y no esperar a “cuando termines la carrera, cuando te cases, cuando te jubiles…” para ser feliz. Suenan las 10 y lo importante vuelven a ser los amigos; jugar con ellos tus partidas, pasear… Pasa otra hora y el ciclo se va cerrando, tu preocupación pasa por alimentarte y no hacerte pis encima, como al inicio.

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Todos tenemos que recorrer estas doce horas (siempre que el reloj no casque antes de tiempo), y las 6 llegan a la vez en un reloj de cuco y en un reloj-despertador. De ahí que seamos casi clones. Pero no es lo mismo cómo marca las horas uno y cómo las marca el otro. Y en ese pequeño detalle está la diferencia. En cómo decidas marcar las horas está la diferencia entre tener una vida de éxito y no tenerla. No es lo mismo ver al mono sonriente salir del reloj de pared con una agradable melodía que oír el “pipipipi” de tu reloj-despertador. Los dos marcan las mismas horas, a la vez, con un mecanismo similar…pero uno te resulta agradable y el otro no.

Tú decides ser un reloj u otro. Está en tu mano hacer la vida más bonita y feliz a los que te rodean, siendo el muñequito sonriente que asoma celebrando cada hora. Sé consciente de que la vida es un regalo con fecha de caducidad. En el mejor de los casos tienes estas 12 horas. Disfruta al máximo cada una porque nunca sabes si llegarás a marcar la siguiente. Recuerda que la felicidad está en el mientras, no en el cuando. Así que no esperes a cuando den las 4, las 8, etc para ser feliz. Las horas las marcas una vez cada 60′, disfruta del camino hasta la siguiente.

Si eres consciente de que estás en la vida para hacer cosas importantes, tendrás éxito en la vida. Y no hablamos de dinero y logros profesionales, sino como dijo Sócrates: “El éxito está en hacer la vida más feliz a los demás”. Salud!

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