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Todo en esta vida es cuestión de actitud. No admito discusión. Se cumple con el deporte, el trabajo, con todo lo que se te ocurra. Tu actitud marca tu rumbo. Por ejemplo, suelo decir que ser optimista no es gratis, hay que poner actitud y trabajarlo. Aunque, triste y sospechosamente, la postura pesimista es mucho más cómoda de adoptar. Seguro que te vienen varios conocidos a la cabeza. Es el clásico “revienta-ilusiones” que en lugar de contagiarse de los que vivimos felices y con optimismo, se esconde detrás del recurrente: “Tú, como eres súper optimista, lo ves todo mucho más fácil”. Claro que es así, pero uno no nace optimista o pesimista, es cuestión de la actitud que pones ante la vida y ante las situaciones que se te plantean a lo largo de ella. Pero este tema lo dejamos para otro post.

Volvamos al título. Donde hablo de actitud, lo inmediato era poner rendimiento. Así todo encaja fácilmente: hay un líder que consigue motivarte y aumentar tu rendimiento. Pero quería poner actitud, principalmente porque no quiero hablar de la consecuencia, sino de la causa. Tampoco quiero centrarme en lo importante que es estar acompañado de un buen líder, sino de la actitud que debemos adoptar para ser nosotros los líderes. Ser nosotros quienes motivemos y lideremos personas, grupos, movimientos, etc.

¿Cambiar tú sólo el mundo? No, no pretendo que salgas en los libros de Historia. En cambio, sí quiero que tú también seas consciente de que podemos y debemos mejorar el entorno que nos rodea, nuestros 360º de relaciones. Y para conseguirlo sólo debes ir introduciendo pequeños cambios en tu día a día. O afianzarlos. Te sugiero que actúes en cosas tan simples como:

– Conseguir que se trabaje más a gusto a tu lado.
– Mejorar el clima en tu hogar (es obvio que tu familia es lo primero, pero hay que demostrarlo)
– Tratar con respeto al conductor, portero, etc con los que te cruzas día a día.

Parece una tontería sin importancia, pero si mejoras tu actitud en cosas tan simples como éstas, estarás haciendo la vida más agradable a tu entorno. Y si esta forma de actuar se extiende, este entorno más agradable abarcará cada vez a más personas, mejorando el clima social. Por muy cursi que te suene y muy duro que te creas, todos agradecemos un “gracias”, un gesto cariñoso o una sonrisa. Y, lo mejor de todo, cuesta lo mismo dar un trato amable que contestar como si no te hubieses tomado la barrita de fibra de rigor. Nada.

Respecto al liderazgo, me gusta verlo como un atributo personal más que profesional. Actualmente, el liderazgo es tan necesario como siempre o más necesario que nunca. La sociedad en la que vivimos está pasando momentos años difíciles tanto en el ámbito económico como en valores y necesita de líderes que encabecen un cambio de actitud. No hace falta pensar en el empresario, político o religioso de turno. Pon el foco en ese amigo que cuando te juntas con él te llena el depósito, sales de una conversación con él con ganas de cambio, de hacer nuevas cosas, de comerte el mundo; ese amigo tuyo es un gran ejemplo.

Un líder no lleva un cartel ni un cargo específico, puede coincidir con una autoridad o ser uno de tus compañeros de oficina. Pero a un líder enseguida se le nota. Consigue llegar a ti, te motiva, logra sacar lo mejor de tu interior y que trabajes en el objetivo correspondiente. Un líder hace que otros hagan. No me refiero del “spanish way of working” que uno trabaja y tres supervisan, sino de transmitir para que el de tu lado se contagie y se entusiasme por hacer y por (re)transmitir. Un líder te motiva.

Pongo un ejemplo para explicar la importancia del efecto multiplicador del rendimiento que tiene la motivación, aumentando así tus opciones de éxito. Pep Guardiola dice en cada rueda de prensa previa a un partido que el encuentro va a ser complicado, sea contra el Real Madrid o contra el Real Unión. No es falsa modestia. Claro que es consciente de la superioridad inicial frente a su rival, pero es tan consciente o más de que el contrario sueña con ganar al mejor equipo de todos los tiempos. Ese sueño, esa motivación extrema, implica multiplicar tu potencial inicial por muchos enteros. Si el nivel del Barcelona es del 100% y sus jugadores están motivados a nivel x1 tienen todas las de ganar a un rival con el mismo nivel de motivación ya que tendrán un nivel inferior. Pero si el rival tiene una motivación excelente por batirles, de nivel x10, a nada que tenga cierto nivel, lograrán el éxito perseguido. Por eso Pep siempre busca nuevos retos, para conseguir mantener la motivación del equipo y mejorar, por tanto, el rendimiento del mismo.

Por último y haciendo alusión al post de la semana pasada, dice D. Álvaro González-Alorda en su libro “The Talking Manager” que la calidad de tu liderazgo depende de la calidad de tus conversaciones. Si a esta idea (que comparto al 100%) le sumamos que gran parte de la comunicación se transmite de forma no verbal, el resultado es que hay que dar la cara. Tienen que sentirte, tienes que proyectar ganas de hacer cosas, de mejorar lo que tenemos. Entenderás, por tanto, que no es suficiente dejar un mensaje en el ‘muro’ de Facebook o un ‘tweet’, ya que se pierden demasiados matices. Es válido para transmitir una idea, pero se queda flojo para inspirar porque cada interlocutor interpreta según su propio estado en el momento de leer, sin percepción de cómo lo interpretará la otra parte. Y así, sin ese intercambio de sensaciones que da el cara a cara, es muy difícil inspirar a nadie. Trabaja también tu ‘YO1.0’. Salud!

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