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Hoy me encantaría abrir un debate con vosotros acerca de la envidia. Seré directo, ¿tú crees de veras que existe la envidia sana? Yo no (leer comentarios para aclaración). No creo que exista la envidia “de la buena”. La envidia es insana o “de la mala” por definición. De hecho, según la RAE: “Tristeza o pesar del bien ajeno. Deseo de algo que no se posee”. Así que la tontería de la envidia sana, de la que no te molesta, está bien si te hace sentir mejor, pero es una mentira.

Digas lo que digas, te jode

Esa reflexión de “joe, a mi amigo Fulanito le han comprado su empresa por un pastón, ¡qué envidia! pero de la sana, eh?” ¿De la qué? ¡Pero si casi te sale una úlcera intentando asimilar que tú montaste la tuya antes, le ayudaste a montar la suya y ahora el pelotazo se lo lleva tu amigo! Tienes envidia y punto. Ni buena ni mala, envidia. Sientes una sensación de insatisfacción, de ¿y a mí por qué no me pasan esas cosas?

Pero tranquilo, es una sensación natural. Sentir envidia no significa que seas mala persona ni que le desees lo peor al otro ni nada por el estilo. Unas veces te toca tu orgullo, como en el ejemplo y otras te toca más abajo, dependiendo de lo que aprecies a la otra parte. En el primer caso, te alegras por él pero te jode (porque sé que te jode) que a ti no te salgan las cosas así de bien. El segundo caso se caracteriza porque lo primero que piensas es que se le incendie la empresa antes de venderla. Pero a lo que vamos, lo que es tocarte la fibra, te la tocan ambas situaciones.

La comparación inmediata es con una adicción. Toda adicción es destructiva y puede reventarte a ti, a tu entorno o a ambos. Obviamente las hay peores que otras, no es igual de dañino ser adicto al deporte o al trabajo que a las drogas, pero por definición de adicción, todas son insanas. Pues la envidia igual.

En primera persona

A mí me ha pasado recientemente con un amigo al que tengo mucho aprecio. Lleva escribiendo años. Lo hace muy bien, de forma directa, conectando rápido con el lector. A mí me gusta mucho leerle y lo llevo haciendo años en el Facebook. Recientemente, empujado por el aliento de sus amigos, ha lanzado su blog Cartas desde Zihuatanejo. Pues bien, aprovechando su experiencia de vivir en China, escribió una entrada con consejos para antes de ir allí. Alguien entendió que daba juego como para “menearlo” y din, din, din, din!!! Premio gordo!! La entrada era muy buena para unos y pobre para otros. La combinación perfecta. No tardaron en entrar comentarios a favor y en contra. Luego respuestas de los de un lado a los del otro y las visitas se empezaron a disparar: casi 32.000 visitas y lo que eso supone a partir de ahora para afiliar lectores.

Os juro que me alegré la leche, Ricardo es un gran tipo. Pero también os juro que sentí envidia. Dije, fíjate qué suerte y lo que un toquecito puede empujarte. Eso sí, muy consciente de que para rodar con un mero toquecito hay que estar cuesta abajo. Él con su destreza, lo está. Yo no he llegado a 7000 en un año, de ahí esa sensación frustrante. Aunque me encantaría, no es mi objetivo llegar a millones de personas. Sé para quién escribo y con qué propósito, pero sería más falso que Judas el de Iscariote si no dijese que sentí una sensación de vacío, de ¿y por qué a mí no?, de insatisfacción conmigo mismo… de envidia, vamos!!

Cierre
Cierro con el gran Jorge Luis Borges: El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: “Es envidiable”.

Envidia

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